Tristemente, Silvia Serrat Viñals, internacional en categorías inferiores de España, se retira del baloncesto por las lesiones con solo 21 años y desde aquí, quería aprovechar para escribir este texto sobre su figura: un ejemplo de que con diabetes también se puede.

Corría el año 2016, me encontraba en Zaragoza y era el Mundial U17 íntegramente en la capital aragonesa. De la selección española, hubo dos jugadoras que me encandilaron por encima del resto: Aina Ayuso por su talento y descaro ofensivo y Silvia Serrat por su pundonor, su garra, su entrega y su capacidad para coger rebotes hasta de debajo de la piedras.

Jugadora en el Segle XXI, fue reclutada por la Universidad del Sur de Florida (USF) para vivir la aventura americana, sin embargo, aunque podrá seguir con su carrera allí afortunadamente, el jugar en la NCAA, apenas ha podido hacerlo.

Primero fue el tobillo el que se dobló en el segundo entrenamiento oficial con el equipo y el que tras un mes de no recuperarse apenas, decidieron que debía operarse en Tampa. Cuatro meses de recuperación satisfactorios y España le da la oportunidad de ganarse un sitio en el Europeo U20, pero de nuevo, a los dos entrenos, la rodilla se queda en esa pista: rotura completa de los ligamentos cruzados anteriores. Y cuando estaba cerquita de volver, hablando con la misma jugadora, pudiendo tener el alta en agosto y preparada para la primera jornada de su segundo año en la NCAA, ahora, el menisco. En febrero de este mismo año, al ver que la recuperación no iba por donde veía, nuevas pruebas y hoy 17 de este mismo mes, Silvia anunciaba que debía dejar el baloncesto.

Una lástima para el baloncesto femenino, pero sobre todo para ella. Lo deja para dejar de sufrir y porque estoy seguro que esta decisión es por qué realmente y lamentablemente, su cuerpo ha dicho basta. Por desgracia, lo ha hecho muy pronto, pero no olvidemos lo que nos ha enseñado: con 5 años le diagnosticaron diabetes y eso no le paró, con 14 se tuvo que ir a vivir sola al Segle y supo sacar lo positivo de ello y hacerse más fuerte, con 18 se fue a Estados Unidos, superó una operación de tobillo seguida de una rotura del ligamento cruzado y aunque al final no haya podido, desde el día después a la acción, tenía en su cabeza volver tras el menisco.

Quizá no ha podido, pero quería escribir esto por todas las personas que han tenido que dejar un deporte por su estado de salud, por dejar de sufrir; por esas deportistas que han acabado perdiendo la guerra, pero han ganado tantas batallas y nos han enseñado tanto, que no han perdido, como diría la leyenda Vince Lombardi: “simplemente se les ha acabado el tiempo para ganar”.

Quería acabar con positivismo porque es lo que Silvia transmitía, lo que ha enseñado y seguirá haciendo en su vida, ahora lejos de un baloncesto que como explica en su carta y espero realmente, ojalá se vuelvan a encontrar.

Como dijo ella, en un escrito en su blog: “después de todo esto, si algo es aprendido, es que todo lo que la vida te quita, te lo devuelve, que lo último que tenemos que perder es la esperanza y que con una sonrisa todo es mucho más fácil”.

Gracias Silvia, disfruta de tu vida y tus seres queridos fuera de las pistas.

ARTÍCULO DE ALEJANDRO GARCÍA