¿Cómo lo consigue es más importante que cuánto consigo?

Un fenómeno que siempre despierta debate es el de la competición. El ser humano tiene enraizado en su ser el competir. Es obvio, que la importancia que le damos no sólo se diferencia por el factor edad, tipo de competiciones, expectativas, intereses,… Sino, también, por algo muy profundo como son los valores que nos definen humanamente. Como dice en alguno de los artículos pretéritos, el deporte por sí mismo no tiene valores. Los valores son difundidos por las personas que formamos parte de ese colectivo.

Por todo esto, me animo a escribir una serie de dos artículos sobre el factor competitivo. En primer lugar, tratando la competición desde la perspectiva de la formación y posteriormente desde la perspectiva del rendimiento… ¿tanto difieren?

En este primer artículo os hablaré de factores recogidos en el libro “Mi hijo es el mejor y además es mi hijo” que explican la importancia del deporte en los niños y cómo puede contribuir a su desarrollo personal. En éstos aparece la competición como parte inherente y necesaria en la formación.

Aquí, os resumo las estrategias recogidas en el libro:

  1. MOTIVACIÓN BÁSICA: POR QUÉ HAGO DEPORTE

A veces, niños y padres coinciden. Otras, no. La motivación es un elemento decisivo para que los chicos se adhiera a la práctica deportiva con el compromiso apropiado. Sin motivación no hay compromiso. La disciplina, afrontamiento de retos, el esfuerzo, la perseverancia…que exige la práctica solo estarán presentes cuando la motivación sea suficiente. Hay que potenciar y mantener la motivación de los deportistas jóvenes.

  1. UTILIZACIÓN DE MODELOS SIGNIFICATIVOS

La motivación inicial suele estar relacionada con los modelos que tienen los niños a su alcance, tanto mediáticos como cercanos. Hay un menor interés en el deporte de competición, en general, en niñas. Los padres con una hija en edad de iniciarse en el deporte, contribuirán a su motivación si se ocupan de que la chica conozca y vea competir a las mejores deportistas de su especialidad.

Por un lado, los grandes deportistas representan el sueño del niño: lo que quiere llegar a ser en el futuro y también la fantasía lúdica que le atrae en el presente imaginando que él es ese ídolo.

Sin embargo, son los modelos más cercanos los que potencian la confianza en que uno lo puede hacer; esa auto-confianza es uno de los principales pilares para que la motivación inicial se fortalezca.

  1. LA ESTIMULACIÓN DE LOS PADRES

La presencia de modelos tan potentes, junto a lo atractivo provocan esa alta motivación inicial. Debe haber un equilibrio entre lo que los niños demandan y lo que los padres estimulan.

 

En definitiva, los padres deben conocer el grado de motivación, el interés que muestran y cómo afrontan el coste que le supone (exigencia, esfuerzo,…) Hay que comprender el nivel de compromiso que está dispuesto a adquirir y proporcionarle la oportunidad de que practique deporte a ese nivel de compromiso.

  1. BENEFICIOS Y COSTES

La relación entre beneficios y costes debe ser favorable. Si se divierte poco y apenas aprende y encima tiene que dedicarle mucho tiempo, someterse a un nivel de exigencia muy alto y pasarlo mal en los entrenamientos (alto coste) el desenlace está claro. Los chicos lo pasan bien, mejor en lo deportivo, se sienten competentes, tienen un buen ambiente con sus compañeros, se sienten respetados y dignos, etc. Estarán más dispuestos a involucrarse mucho, esforzarse y dar lo mejor.

  1. PARTICIPACIÓN EN LA DECISIONES

Hay ejemplos de cómo los padres pueden involucrar a sus hijos en la toma de decisiones que les conciernen: les informan de los coste y compromiso que adquieren. Todo ello, para que la motivación sea más sólida, estable y aporte el valor educativo que conlleva.

  1. OBJETIVOS INTERESANTES

Establecerlos es una estrategia de gran impacto, tanto por el objetivo en sí como por el propio desafío que supone esforzarse por conseguirlo.

El objetivo señala la meta, el propósito que justifica el esfuerzo que uno realiza. Cuando no hay un objetivo claro o este no es suficiente, el deportista no asume el coste correspondiente.

  1. MOTIVACIÓN COTIDIANA

Lo que pasa en el entrenamiento, en gran medida, es estimulante y gratificante lo que provoca que quieran volver a ir. El entrenador es la persona clave para alimentar la motivación cotidiana (transmitir entusiasmo, clima estimulante, positivo, …)  El reto del entrenador en cada entrenamiento y competición sea una experiencia fabulosa que enganche a los chavales.

  1. REFORZAMIENTO SOCIAL

Un cometido muy importante del entrenador es acometer el reforzamiento social. Éste es elogiar con sinceridad a los deportistas, es decir, reforzar sus progresos. Además de favorecer el aprendizaje técnico, el entrenador habrá contribuido a alimentar la motivación cotidiana.

  1. OTRAS ESTRATEGIAS

La mayoría de los días, los chicos llegan con ganas de entrenar y jugar. No hay que decepcionarlos, sino responder a esa expectativa y ofrecerles una actividad rica en estímulos y gratificaciones. Dependerá de conocer necesidades del deportista o grupo (por ejemplo, tras un día duro en el colegio… habría que proponer aquellos ejercicios que dominan bien y tienen ingredientes divertidos.

Es importante no dañar la motivación introduciendo elementos estresantes que no procedan. Aparte de atentar contra la dignidad de los jóvenes, contribuyen a crear un estrés inútil que transformar la motivación en rechazo

  1. MOTIVACIÓN COMPENSADA ¿ganar o superarme?

La motivación de los deportistas se relaciona con resultados y retos en competencia con otros chicos. Ser mejor que otros, aumenta la motivación. Este hecho con tendencia natural, en algunos casos puede ser beneficioso ya que favorece que los deportistas sean ambiciosos y se esfuercen por superarse. La falta de resultados deportivos provoca una enorme sensación de fracaso o indefensión.

Este tipo de motivación, dependiente del resultado es de enorme riesgo (motivación de riesgo) que hace vulnerables a los jóvenes que practican deporte.

El riesgo no está en la existencia de motivación, sino en que ganar a otros sea el único indicador de progreso y la única fuente que alimente la satisfacción y motivación de los chicos. Para ello, hay que compensar la tendencia, desarrollando una motivación por los restos y resultados respecto a uno mismo. Los retos del equipo como conjunto respecto a sí mismo y, también los retos personales como conjunto respecto a sí mismo y, los retos personales de cada jugador, respecto de sí mismo.

Para propiciar la motivación hay que fomentar la motivación compensada. Los objetivos con independencia de los resultados. El deportista debe percibir que el entrenador y sus padres valoran sus progresos por sí mismos.

La tendencia quedará compensada por la autoevaluación a través de indicadores que dependan más de uno mismo, potenciándose la percepción de control, autoconfianza.

Si su motivación se alimenta fundamentalmente de esos éxitos serán muy vulnerables cuando no sean tan frecuentes. Por ello hay que centrarse más en lo que se hace que en lo que se consigue.

  1. CONTROL VS INDEFENSIÓN

Necesitamos percibir que con nuestras acciones podemos controlar lo que nos importa. La persona que se siente indefensa ha llegado a la conclusión de que, haga lo que haga, no puede influir en lo que sucede.

La niñez y adolescencia son etapas de gran vulnerabilidad a la indefensión. Propensos a propiciar indefensión porque los resultados deportivos no dependen de uno mismo únicamente.

El problema parte de establecer una relación errónea entre las propias acciones y sus consecuencias. El error es asumir que un resultado depende de lo que uno hace.

Hay que compensar esta vulnerabilidad fomentando experiencias de control: exigirles cosas que puedan controlar, desarrollo de recursos que permitan controlar mejor las demandas deportivas, explicar mejor y concretar bien acciones que se les pide ejecutar: las decisiones, según los criterios que estén presentes o la ejecución sean su calidad, no rendimiento.

Los resultados importan a los chicos. No es posible apartarlos de ellos. Esta tendencia, sí se puede compensar. Es muy conveniente que los entrenadores vinculen los resultados a las acciones concretas que hayan contribuido a conseguirlo

Es muy importante desarrollar la percepción de control y evitar la indefensión. Trascendente es cultivar las acciones que conllevan al esfuerzo. Se trata de aprender que uno puede aprender a controlar aquello que le interesa si persevera, se esfuerza,… En el caso contrario, que no se crea poder controlar diferentes elementos, pueden padecer una considerable indefensión aprendida… Si no se orientan bien, estos casos, el abandono o, en caso extremo, la depresión estarían mucho más próximos.

ARTÍCULO DE GABO LOAIZA