«La línea entre ganar y perder es muy pequeña. La gente aún piensa que el entrenador que gana es un genio y el que pierde un desastre. Y no funciona así» Pep Guardiola tras la victoria en Champions ante el Real Madrid.

El deporte, como la sociedad, está llena de bufones. Esos bufones que se acercan a quien gana y huyen y atacan de forma desproporcionada al que pierde. Ningún entrenador queda exento de ello, sea la categoría que sea. Da igual el recorrido o lo construido que si el éxito bendice, al que sufre la derrota se le censura.

Tenemos claros ejemplos en baloncesto: ¿cuántas veces se pone en entredicho la capacidad de Pablo Laso ante derrotas puntuales del Real Madrid?, ¿nadie tiene en cuenta el cambio de mentalidad que ha supuesto para nuestro deporte? Otro claro ejemplo lo tenemos en la figura de Ponsarnau. Entrenador apreciado, valorado y estudiado por la mayoría de entrenadores nacionales que ha tenido que sobreponerse a duras críticas cuando los resultados no han acompañado. Su tenacidad e incluso su terquedad en la confianza en sus ideas hizo que los jugadores ante las críticas se uniesen en torno a la figura de su entrenador. Un hecho admirable que habla mucho y muy bien de Ponsarnau. Un ejemplo de que los grandes líderes hablan poco, pero cuando hablan siempre se les escucha. En una sociedad donde prima el postureo, lo cosmético y lo inmediato, qué difícil es encontrar entrenadores que ejerzan su liderazgo desde la sobriedad.

Los medios de comunicación, los propietarios, … no buscan argumentos que sustenten unos comportamientos o un posicionamiento en la derrota, sino destruir todo aquello relacionado con ella. Atentan contra el conocimiento. Decía Bielsa que los grandes cambios no deben hacerse en los procesos negativos, sino al contrario. Cuando las cosas van mal, es el momento de analizar y persistir, no de hacer grandes cambios sometidos al cortoplacismo de la victoria o la derrota.

Los entrenadores tenemos dos formas de afrontar las derrotas: analizándolas o sufriéndolas. Por desgracia, espero que sea por edad, formo parte de ese grupo que cree que pueden convivir las dos. El sufrimiento por la derrota, ¿a qué se debe? Lo único que sí es cierto que éste nos quita horas de análisis, estudio y mejora del equipo.

Pretender cambiar los términos en los que se mueve el deporte profesional (y cualquier ámbito donde existan relaciones humanas) puede ser interpretado como las intenciones de un pardillo o una excesiva ingenuidad. Por el momento, no me resigno. Es obvio que necesitamos concienciar y educar, ya que vivimos en una sociedad hipnotizada por la victoria o la derrota, que se ha adueñado del auténtico valor y significado de nuestro deporte: ES UN JUEGO. Ojalá lo consigamos. Ojalá existan más medios como FullBasket que tratan de explicar razones sin quedarse en lo superficial de las cosas. Debemos crear cultura deportiva y para ello, los medios de comunicación tienen una función educativa muy significativa.

“Sacrificamos” tiempo con la familia, amigos, horas de sueño e incluso ponemos en riesgo nuestra “salud mental”, y aun así, nos compensa. Muchos de mis momentos de felicidad no los podría explicar sin el baloncesto. Enseñar nuestras ideas, el cariño genuino de los más pequeños, el agradecimiento de las familias, el aporte al desarrollo personal de jóvenes ilusionados o, este año, por ejemplo, tratar de con el baloncesto ser un desprendimiento de la sociedad que nos acoge.

Decía Guardiola que para él entrenar era como un veneno. Y así es, al menos, hasta que venga la siguiente victoria…

ARTÍCULO DE GABO LOAIZA