El año 1992 queda cada vez más lejano en nuestra memoria, pero fue una fecha determinante en relación con la historia del deporte de nuestro país. Una de las ciudades de moda del panorama actual europeo logró acoger unos Juegos Olímpicos, y muchas de las características que la definen actualmente llegaron gracias a aquella efeméride. La Ciudad Condal vivía de espaldas al mar y ganó 2 kilómetros de playa, que sólo se reducían a los límites de la Barceloneta. También consiguió infraestructuras y equipamientos que hoy en día resultan trascendentales para el día a día, como las dos rondas y nuevas terminales en el Aeropuerto. Barcelona también ganó un barrio nuevo: la Villa Olímpica, establecida entre la Ciudadela y el Poblenou.

Una de las ideas que más ha cuajado con el paso de los años ha sido también el impulso y la implicación ciudadana desde el minuto cero. Y no sólo con relación a la organización de los juegos, y el normal desarrollo de las disciplinas olímpicas en forma de voluntariado. También con la aparición de un interés masivo por el deporte, con la irrupción de algunas disciplinas deportivas que no tenían el mismo grado de incidencia en nuestras fronteras como lo tienen en otras regiones.

Una de las disciplinas que se vio claramente beneficiada fue el Baloncesto. Actualmente esta modalidad deportiva continúa creciendo exponencialmente en nuestro país, pero los Juegos Olímpicos del 92 ayudaron mucho a su masificación y su inserción cultural. Los equipos que participaron influyeron notablemente en la carrera deportiva de algunas estrellas actuales de dicho deporte. Actualmente las audiencias se computan por miles y no se siguen sólo los partidos nacionales, sino también los internacionales, con especial mención a la NBA. No nos debe sorprender, pues, que cada veda aparezcan más publicaciones monográficas, programas en prime time, bonos como los de las casas de apuestas, o bien merchandising y ropa relacionada con el Baloncesto.

Para entender el boom que vivió este deporte después de los Juegos de Barcelona, hay que hablar de un equipo en concreto. Una galaxia de superestrellas, que como ocurre en el ámbito espacial y cosmológico, se alinearon para una ocasión especial. Como ya os estaréis imaginando, hacemos referencia al «Dream Team«, la selección de jugadores que Estados Unidos llevó a Barcelona. La selección estadounidense se presentó en la capital catalana nada más y nada menos que con el mejor equipo de la historia de este deporte.

Para conocer la intrahistoria de este equipo tenemos que trasladarnos hasta el 21 de septiembre de 1991, esta es la fecha de nacimiento del «Dream Team». Pero antes de 1991, es necesario focalizarse también en 1989, un año en que todo cambió. La FIBA dio luz verde a que los jugadores de la NBA pudieran ser convocados para disputar los Juegos. La norma no tenía ningún sentido, ya que argumentaba que los deportistas americanos eran profesionales y generarían un agravio competitivo. En Europa también había jugadores profesionalizados dedicados íntegramente a esta disciplina, y esta norma inconsistente cayó por su propio peso.

Los Estados Unidos tenían una espina clavada en su subconsciente colectivo; y es que era inconcebible que la capital mundial del Basket, fracasara en uno de sus mayores eventos deportivos. Pues eso es lo que sucedió en los juegos de 1988, en la ciudad de Seúl USA sumó un bronce. En Estados Unidos, levantarte después de una derrota no es sólo un derecho, sino también una obligación. Es uno de los elementos culturales que definen la idiosincrasia del estado, y esta manera de afrontar la vida fue aplicada también en el ámbito deportivo. Los referentes deportivos se arremangó e intentaron no repetir los mismos errores que los habían condenado en 1988. Se iniciaron una serie de reuniones y de contactos con el fin de convocar el mejor equipo posible, y hay que afirmar que resultaron todo un éxito. En septiembre se publicó la primera lista de jugadores, conformada por un total de 10 nombres: Scottie Pippen (Chicago Bulls), Michael Jordan (Chicago Bulls), Larry Bird (Boston Celtics), Magic Johnson (LA Lakers), David Robinson (Spurs), Charles Barkley (Sixers), Chris Mullin (Warriors), Karl Malone (Utah Jazz), John Stockton (Utah Jazz) y Patrick Ewing (Knicks). La lista fue agumentada en mayo del 92 y se incluyó a Clyde Drexler (Blazers) y la figura emergente del momento, Christian Laettner (Duke). Su inclusión dejó fuera a Shaquille O ‘Neal, un deportista que no necesita presentaciones.

Quizás dos de los nombres más destacados que quedaron fuera de la lista olímpica fueron Dominique Wilkins y Isiah Thomas. El segundo fue vetado por Pippen, Jordan y Malone, ya que habían creado una competitividad máxima sobre las pistas de la NBA. Magic tampoco tenía buena relación con el jugador, y finalmente quedó fuera de la lista.

Gestionar esta constelación de egos no sería un trabajo nada fácil, y la tarea le fue asignada nada menos que a Chuck Daly, quien ya había sumado algunos éxitos con los «Bad Boys» de Detroit. También recibió apoyo externo de otras personalidades, como es el caso de Lenny Wilkens, Carlesimo y Mike Krzyzewski.

Larry Bird, con relación al recibimiento que tuvo el equipo en Barcelona, afirmó: «La gente nos veía en Europa como unos superhéroes». El entrenador, por su parte, explicó: «Era como juntar a los Beatles y Elvis, como viajar con 12 estrellas de rock». De hecho, el técnico no pidió ni un solo tiempo muerto en todos los Juegos, y aceptó que los equipos rivales pudieran acercarse a las estrellas americanas. Como sucede actualmente en otros deportes, los jugadores quieren explicar que se han enfrentado a algunas de las figuras más importantes de la historia de su disciplina deportiva.

El primer enfrentamiento en el que participó el equipo fue el 28 de junio de 1992. El rival fue Cuba, y el resultado nos deja entrever cuál era el nivel del «Dream Team»: 136-57. En total acumularon un promedio de 43,8 puntos de diferencia en todos sus partidos. Ganaron de 68 a Angola, de 33 a Croacia, de 43 a Alemania, de 44 a Brasil, de 41 a España, de 38 a Puerto Rico, de 51 a Lituania y de 32 a Croacia -nuevamente-.

Esta es la historia de un equipo irrepetible, que tuvo a Michael Jordan como estrella destacada: 14,9 puntos, 2,4 rebotes y 4,8 asistencias. El equipo dejó una huella sobre la sociedad barcelonesa que todavía se recuerda con cariño y devoción.

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