Del desangelado ambiente en los exteriores del Palau a la monumental ira de Joan Peñarroya tras la falta en ataque, mal señalizada, de Jasiel Rivero. Qué contraste de sentimientos en apenas dos horas de diferencia. Tocará acostumbrarse a ello. Con esa acción se esfumaban las opciones del San Pablo Burgos, un equipo correoso, con el «carácter ganador de su entrenador» como dijo Jasikevicius al término del encuentro. Para ser justos, tan cierto es decir que la falta en ataque fue un error arbitral como que segundos antes, en el otro aro, Calathes, Oriola y Abrines recibieron sendos palos que no fueron castigados. Recriminó Jasikevicius la permisividad arbitral en esas acciones continuadas, siendo respondido con una técnica. ¿Permitió eso al Barça ganar después? Unas filas más atrás del banquillo azulgrana, en la grada, Nacho Rodríguez se llevaba las manos a la cabeza, repetía aspavientos de incredulidad y bajaba a pista para ver los últimos segundos. Lo que le dijo a Peñarroya cuando éste fue expulsado, en la entrada al túnel de vestuarios, solo ellos lo saben.

Se santiguaba Pierre Oriola en mitad de pista antes de los tiros libres de Abrines para sellar el triunfo local. Tras caer en la Supercopa ante el Madrid, el capitán azulgrana era consciente de la importancia de iniciar la Liga Endesa ganando. «Es nuestra asignatura pendiente, saber cerrar los partidos», admitía minutos después de la victoria. El Barça no mostró una buena imagen pese a ganar. Espeso en ataque, fue incapaz de encontrar los espacios en los primeros compases (11-21, min 8). El experimento de Pustovyi como titular fue fallido y la aparición de Davies un desastre. Precipitado y errático, el pívot estadounidense con pasaporte de Uganda está lejos de su versión más productiva. Se lo hizo saber Saras, sustituyéndole tras apenas 3 minutos en pista. Y a la tercera rotación, el pívot funcionó. Oriola fue un bálsamo de energía para un equipo adormecido. Él y Abrines, feliz con los sistemas que le permiten lanzar liberado (5/6 en triples). Queda claro que el Barça necesita un ‘5’ como el comer.

Rotaciones, cabreos y debut

Jasikevicius utilizó en el 1Q a 11 de los 12 jugadores convocados, incluido Smits, visiblemente sin confianza. El letón, comodín puntual de Pesic en algunos compromisos, no ha empezado el curso con buen pie. Ni él ni Claver, lejos de forma, algo natural a estas alturas de (pre)temporada. El técnico lituano tocaba todas las teclas. Error de bulto, banquillo. Que se lo digan a Bolmaro, exigido, como los buenos, al máximo. El argentino se desesperó antes del descanso, cometiendo una falta y volviendo al banquillo cuando apenas llevaba 13 segundos en pista. Le esperaba Mirotic, cariñoso y cercano, mientras el ‘9’ golpeaba el suelo con su toalla. La rabia contenida, el saber que no tienes el día.

Con 26-28 en el marcador (min 15), Jasikevicius miró al banquillo y señaló a Brancou Badio. El senegalense iba a hacer su debut en la ACB. Con el marcador en contra, Saras no titubeó. Y al ’25’ no le tembló la mano en su primer tiro. Triple desde la esquina tras asistencia de Heurtel. El francés, por cierto, acabó con 6 asistencias (líder del Barça) pese a no subir el balón en prácticamente ninguna posesión. Coincidiendo con Hanga en pista, era el húngaro el que ejercía de «base». Después, con la entrada de Brancou, era el joven el encargado de iniciar las jugadas. La premisa es clara (al menos, hasta la fecha): Saras prefiere a Heurtel en el ‘2’.

Autocrítica en la victoria

«Nuestra defensa ha sido muy muy muy mala. No hemos hecho prácticamente nada de lo que habíamos hablado. Hemos sobrevivido gracias al talento natural y al acierto desde el triple». Escuchando a Jasikevicius, Oriola y Abrines («contentos por la victoria pero no con la imagen que hemos dado»), queda patente el grado de exigencia que hay en Barcelona. Lejos queda el manido «nuestro objetivo es competir».

Necesitarán los aficionados azulgranas paciencia. La misma que los jugadores para incorporar en su juego una nueva filosofía. De la anarquía al control riguroso de cada posesión hay más de un escalón. Para poner el talento individual al servicio del colectivo se necesita tiempo. Y recordemos, el Zalgiris de Jasikevicius mejoraba sus prestaciones en la segunda mitad del curso.

Sonidos anti TV

Se hace raro ver un partido sin público en directo, pero te permite apreciar otros detalles. La comunicación de los entrenadores con los jugadores es constante. Anticipar la jugada del rival para avisar cómo defender, una pasada. «Switch, swiiiiiitch», gritaba Jasikevicius desde la banda. «Switch and follow him, is a shooter», le soltaba a Bolmaro tras un 2+1 de Benite. «Miquel, fes la falta hòstia p…», suplicaba Peñarroya desde la banda a Salvó, artífice de la remontada burgalesa gracias a su defensa.

La nueva -y maldita- normalidad. Eso sí, poder ver baloncesto en directo otra vez es una gran noticia. Y que dure.