Los Ángeles Lakers 106-93 Miami Heat (4-2)

En la temporada de la muerte de Kobe Bryant, en la temporada de la burbuja de Orlando, los Lakers hicieron lo que mejor saben hacer pero que tanto habían olvidado: ganar, ser los mejores. Al sexto partido sentenciaron estas finales para alcanzar su 17º anillo y empatar con los Boston Celtics en lo más alto del podio histórico. Con una clase magistral de defensa colectiva, el equipo de Frank Vogel arrasó a Miami Heat, sin opciones desde el descanso y claramente faltos de gasolina. LeBron James (28+14+10) se corona como el mejor jugador del siglo XXI sin discusión, logra su cuarto anillo y su cuarto MVP de unas Finales. Y este cuento de leyenda no ha acabado. Se divisa a MJ en un horizonte cada vez más cercano.

Desde el salto inicial, los Lakers demostraron un dominio apabullante, sin un ápice de dudas en lo ofensivo, que daba sus frutos debido al trabajo atrás. La defensa de Vogel fue de matrícula de honor. Los cambios, los ajustes, las ayudas…todo funcionaba en el equipo angelino.

A esos méritos se les sumaba su superioridad física. Tantas veces evidenciada en estas Finales, hoy alcanzó su punto más álgido. A LeBron y compañía no le importó correr tantas veces como se planteaba. Más fácil fue sin Howard en pista -hoy ausente en los planes de Vogel- y con Caruso en el quinteto. Miami Heat, con una rotación ya de por si corta, acusó el cansancio de su última heroicidad hace dos noches.

Nada iba a torcer el anillo de los Lakers. LeBron James no quería ninguna sorpresa en su camino. Él comandó una barrida total en la primera mitad. Hasta cuatro jugadores se marcharon al descanso por encima de la decena de puntos. Davis y Caldwell-Pope, con 15, Rondo 13 y el propio James con 11.

Encontrar soluciones más allá del dúo significó la diferencia entre ganar y apalizar. Rajon Rondo (19 puntos) se coronó en estas Finales como el factor dominante del ataque estático. Qué maravilla cada toma de decisión. Qué IQ. Qué nueve puntos consecutivos más importantes para iniciar el despegue de los Lakers hacia el anillo. Y Caldwell-Pope fue el productor inesperado. Anotó de todos los colores y en una racha asombrosa. Otro nombre propio de este campeonato.

Patidifusos estaban en el banquillo de Miami. Sin reacción, impotentes ante el vendaval de su rival. Ni el factor Dragic, que tuvo sus primeros minutos mediado el primer cuarto, alteró el fatal destino. Sufrieron en sus propias carnes la ajustada defensa de los Lakers. Tal fue el desgaste que Butler solo lanzó siete veces en la primera mitad. Tal fue, que Crowder era, hasta entonces, el jugador con más intentos de triples, pese al inicio enchufado de Duncan Robinson. Tal fue, que los Heat fallaron hasta siete tiros libres en los dos primeros cuartos. Sintomático.

36-16 de parcial en el segundo cuarto, para el 64-36 del descanso. Saltaba y celebraba el banquillo de Lakers en su retirada a vestuarios. No era para menos.

Una larga celebración

Sí muchas sonrisas y abrazos en el banco angelino, pero historia en la segunda mitad no hubo. Más allá de alguna intentona de Miami, al que hay que agradecer el esfuerzo y el respeto por este deporte. Compitieron hasta el final con las escasas fuerzas que le quedaban. El quinto mejor equipo del Este llegó muy lejos. Nada que objetar a Spoelstra y a Jimmy Butler, que incrementa su status en la liga.

No hubo remontada porque los Lakers no dejaron de apretar el acelerador. En el cuerpo de LeBron se atisbaba instantes de historia, camino a su cuarto anillo y su cuarto MVP de unas Finales. Encontró su undécimo triple en unas Finals y no dejó de competir. Tampoco lo hizo su mejor escudero conocido: Anthony Davis, que acabó con 19 puntos y 15 rebotes.

Los dos quieren continuar la leyenda. Hoy y estos meses tocará celebrar en la franquicia. Tras un inicio de año para olvidar, el futuro es prometedor. Por las bases asentadas, pero sobre todo por el hambre competitivo del Rey. Tiene un objetivo: ser el mejor de la historia. Y la Historia, hoy por hoy, la gobierna él.

Primer anillo en diez años para los Lakers. El legado. Va por ti, Kobe.