Ganar en Europa no es sencillo. Fuera de casa, todavía más. Que se lo digan al Panathinaikos, que no conquista el Palau desde 2013. Aún vestía de corto Jasikevicius. Los griegos, eso sí, vendieron cara su piel ante el Barça, tan horrible en algunas fases como lúcido en los minutos decisivos. Necesitaron de una prórroga los azulgrana para superar a los de Vovoras, altamente competitivos. En el tiempo extra, Hanga, que no había anotado hasta entonces, anotó dos triples importantes. Higgins fue el máximo anotador del partido (24 puntos), ejerciendo de líder sin Mirotic. Resoplaba Bartomeu, presente en el palco, consciente de cuánto había costado. Nacho Rodríguez, que vivió inquieto toda la segunda parte de pie, cerró los puños mientras celebraba el triunfo. Del sopor a la emoción, así es el baloncesto.

ESTADÍSTICAS

No pudo ser peor el inicio azulgrana, lastrado por las pérdidas -6 en el 1Q, 16 en total- y un estrepitoso bagaje defensivo. Foster, con un triple desde la esquina al borde de la posesión, puso el 2-11 (min 6) en el marcador, brecha que aumentaría hasta el 4-15 con un mate sin oposición del gigante Papagiannis. Se vio obligado Jasikevicius a parar tal sangría. El Barça estaba anestesiado, y solo el coraje de Smits fue capaz de maquillar el resultado al término de los primeros diez minutos (13-18). Para colmo, Abrines cayó lesionado (a falta de más exploraciones, esguince en el tobillo derecho) y no ingresó más en pista.

Se lo miraba desde el palco el presidente del Barça, Josep Maria Bartomeu, presente como en el día del CSKA. Agitó Jasikevicius el banquillo, tratando de dar con la tecla adecuada, y un parcial de 8-0 puso al Barça por delante por primera vez en el partido (21-18, min 11). Calathes, que se medía por primera vez al Panathinaikos, el club de su vida, anotó dos triples, los mismos que un Kuric que afiló la flecha para ampliar la renta (29-24, min 14). Fue un espejismo. El partido se embarró, con faltas y poca claridad de ideas. Lo aprovechó Foster, intratable en el tiro, para sostenter al Panathinaikos en el marcador (31-31, min 18). Heurtel, que entró en el minuto 12 y tardó en enchufarse, anotó cinco puntos seguidos antes del descanso (36-35).

Con dos transiciones y un triple frontal sin oposición de Mitoglu arrancó Panathinaikos el tercer cuarto. Un parcial de 0-7 (36-42, min 21) al que tardó en responder el Barça. Los griegos no iban de farol, haciendo saltar las alarmas con un parcial que aumentó del 0-7 al 8-20 (44-55, min 26) tras un espectacular mate de Foster. Jasikevicius, brazos en jarra, miraba con impotencia a sus pupilos, cabizbajos. Cualquiera hubiera dicho que el Panathinaikos llegaba al Palau como el equipo de Euroliga con peor porcentaje triplista. Sant-Roos, Foster (a lo suyo) y Nedovic, que se apuntó al festín, castigaban desde más allá del arco. Hacía la goma el Barça, desanimado pese a las arengas de Nacho Rodríguez desde el fondo de pista.

Cogió las riendas Higgins, autor de 8 puntos seguidos -dos triples-. Pero solo no podía. Irrumpieron Calathes y Kuric, como en el segundo cuarto, con sendos triples, para acortar distancias (50-55). Ajustaron atrás los locales, forzando un par de pérdidas helenas. Y al fin, tras infinitas dificultades, el Barça encontró tiros fáciles bajo el aro. Primero Davies, después Oriola. De nuevo por delante (56-55). Pero Sant-Roos, uno de los fichajes del verano, volvía a penalizar desde el triple. Todo por decidir en el último cuarto (58-58).

Heurtel abrió la veda de los últimos diez minutos. Como una partida de ajedrez, cada movimiento podía determinar el desenlace. Por eso se desesperaban en los banquillos Vovoras y Jasikevicius, pidiendo paciencia a sus jugadores ante decisiones precipitadas. Ardua tarea. Más con jugadores como Nedovic, disparatado pero repleto de talento (acabó con 5 triples). El marcador se mantuvo apretado, como a lo largo del partido, con poco intercambio de canastas. Kaselakis puso el 71-70 (min 38) en el marcador, resultado con el que se llegaría al último minuto. Higgins y Davies (de menos a más) no fallaron desde la línea de tiro libre, poniendo el 75-72 a falta de 17 segundos. Atacaba Panathinaikos para forzar la prórroga. Defendió bien el Barça, pero Sergi Martínez cometió una falta evitable sobre Kalesakis cuando el griego lanzaba el triple. Tres tiros libres. Uno, dentro. Dos, llorando. Tres, barraca. 75-75 con 7,8 segundos por jugar. Sacó de banda en campo ofensivo Calathes, encontró a Higgins… pero el estadounidense falló. Prórroga.

Dicen que el equipo que fuerza los cinco minutos extra tiene la ventaja anímica. Pero los tópicos están para romperse. El Barça jugó mejor, supo encontrar los espacios y con tres triples (dos de Hanga, inédito hasta entonces, y uno de Kuric) dejó el partido visto para sentencia (89-81, min 44). Los últimos segundos, pese a la resistencia griega, ya no tuvieron historia. Higgins cerró su actuación (24 puntos) impoluto desde la línea de personal (8/8).