El Barça había perdido seis de los últimos ocho partidos contra el Madrid. Tres de los últimos cuatro. Más allá de la clasificación presente, la victoria se planteaba como un ejercicio mental futuro. Y los de Jasikevicius volvieron a ver fantasmas del pasado cuando Llull, con cinco puntos seguidos, galopando sobre el parqué, ponía el 72-65 en el marcador a falta de tres minutos para el final. El 50-27 del minuto 21 se había esfumado. Apareció entonces Sergi Martínez (7 puntos y 9 rebotes), con un rebote ofensivo y dos canastas consecutivas, para sellar el triunfo azulgrana.

Los azulgrana se desquitaron del ofuscamiento tras la Supercopa para infligir la cuarta derrota al Madrid en cinco partidos de Euroliga. Mucho tendrá que remar el conjunto de Laso, indolente en un segundo cuarto calamitoso y mucho más reconocible tras el paso por vestuarios, aparcando la zozobra, aunque sin premio.

Sin Mirotic, sin Claver, sin su gente. En el Clásico más silencioso de la historia, el Barça le hizo el mejor regalo posible al Palau Blaugrana, que cumplía 49 años desde su inauguración. Kuric, con 15 puntos, fue el máximo anotador.

ESTADÍSTICAS

Rolands Smits bajó del cielo una asistencia de Hanga para abrir el marcador en el Clásico número 306 de la historia (154 victorias azulgrana, 149 blancas y 3 empates). El letón sería la opción azulgrana en los primeros ataques, buscando a Thompkins al poste, aunque sin demasiado éxito. De hecho, rápidamente cometería dos faltas y se iría al banco en favor de Sergi Martínez, riguroso atrás y en el rebote. Trataba Alocén de buscar a Tavares dentro, pero no lo lograba. Echaba el cerrojo el Barça. Sí atinó desde la línea de tres el maño (4-5, min 3), titular en su primer Clásico (no jugó en la Supercopa). La igualdad fue la tónica de los primeros compases, nada nuevo. Abalde ponía las tablas con un triple (14-14, min 8) y Kuric cerraba el primer cuarto impoluto desde la línea de personal (18-14).

El propio Kuric abriría la veda en el segundo periodo con un 3+1. No fallaría el adicional y los azulgrana abrían la primera brecha importante en el marcador (22-14). Fue un primer aviso. Reaccionó rápido el Madrid con una bandeja de Deck y un triple de Rudy desde la esquina, haciendo saltar a Kuric en la finta (25-21, min 12). Y llegó el cortocircuito blanco. Campazzo, desquiciado como en Milán, cometió su segunda falta y en un alarde de poca concentración se ganó la técnica. Se fue al banco cabizbajo, con Laso visiblemente cabreado. Olió sangre el Barça. Y Jasikevicius, ávido, espoleó a los suyos desde el banquillo. Los azulgrana desplegaron todas sus virtudes defensivas. Ayudas largas en los bloqueos, cambios efectivos, punteos constantes y control del rebote. Contribuyó a tal excelencia defensiva Sergi Martínez, minimizando el impacto de Thompkins y Deck. En ataque, el Barça vio el aro como una piscina (15/22 T2 al descanso). Kuric, Heurtel, Davies. No importaba el ejecutor. Todo lo contrario que en el cuadro madridista. En ocho minutos, solo dos canastas en juego, ambas de Garuba. Del 25-21 se pasó al 48-27 con el que se llegaría al descanso. El lenguaje gestual blanco no podía ser más agorero.

El Madrid apenas hizo la habitual rueda de calentamiento tras el paso por vestuarios. Salieron los jugadores de Laso cuando solo restaban dos minutos. Fuese mayor o menor la reprimenda al descanso, hubo reacción. Desde la primera defensa, el Madrid exhibió una mayor actividad atrás. Más intensidad, más manos. Lo acusó el Barça, con menos tensión que en los primeros veinte minutos. Taylor y Garuba lideraron la ofensiva blanca, con un Campazzo más centrado, brillante en la dirección. Con el argentino así, todo fluye. La inercia del partido cambió radicalmente. El Madrid marcó el ritmo y la diferencia fue decreciendo. Del 50-27 (min 21) al 60-50 (min 28) tras un triple de Campazzo y una canasta fácil de Garuba. Jasikevicius se desgañitaba en la banda. Los fantasmas sobrevolaban el Palau. Davies atinó desde la línea de tiros libre para mantener la diferencia psicológica del +10 antes del último periodo (64-52).

Al Barça le tocaba mostrar fortaleza mental. Y lo logró. Con 64-56 (min 32), Sergi Martínez desde la línea de tres y Higgins con un 2+1 volvían a aumentar la renta (70-56, min 33). Seis puntos seguidos. Un respiro… que duró un suspiro. Laso hizo ingresar a Llull en pista, y el balear, puro coraje, amante de estos partidos, asumió las riendas y con ocho puntos casi seguidos puso el partido al rojo vivo (72-65, min 37). Quedaba el desenlace. Y ahí el Barça jugó con más temple. Martínez capturó un rebote ofensivo y anotó cuatro puntos seguidos para sellar el triunfo azulgrana. Llull se alzó desde lejos y el aro le escupió el balón. Game over.

Sergi Martínez fue el primero en alzar los puños. Jugando (31 minutos), ganando y siendo importante en su primer Clásico. Ni en sus mejores sueños.