De la aún embrionaria obra de Jasikevicius, la de este jueves es sin duda su mejor esbozo. El Barça jugó como un equipo de Final Four, ese territorio que no pisa desde 2014, aún con Xavi Pascual en el banquillo. Fue precisamente con el técnico catalán, en 2012, cuando el Barça firmó un +39 en Estambul, una diferencia récord batida por el increíble +42 (97-55). Los azulgrana fueron un rodillo ante un Fenerbahce, sin De Colo, que se vio ahogado por la defensa local. Ni un respiro permitió el Barça, sofocando la subida de balón, manteniendo una actividad defensiva más propia de un partido de Playoffs y rozando la perfección en ataque. Buena muestra de ello son los 51 puntos al descanso (19/32 en tiros de campo, 8/14 en triples) ante un equipo, el turco, que llegaba al Palau con una media de 72 puntos encajados.

Jasikevicius celebró cada buena acción con pasión, esa que enloquecería al Palau de no ser por la pandemia. Tal rabia, bien entendida, llegó al clímax con los ocho segundos infringidos por Westermann ante la agresiva defensa de Heurtel. Era el minuto 13 de partido y el marcador reflejaba la rotunda superioridad (38-20). No habría más tela que cortar.

Kyle Kuric, con 7 triples en 8 intentos, ofreció un recital sensacional. El Barça sumó su sexta victoria seguida en la Euroliga, y ésta con un serio aviso implícito para sus competidores. La maquinaria comienza a engrasar.

ESTADÍSTICAS 

«Son uno de los mejores equipos defensivos de Europa, si no el mejor. No espero un partido de alta anotación». Erró Jasikevicius en su pronóstico previo al encuentro. Claro que seguramente no esperaba el excelso nivel de sus pupilos, cada vez más cómodos en la comprensión y ejecución de la filosofía del lituano. El inicio del Barça fue arrollador, con cuatro triples (dos de Mirotic y dos de Abrines) que abrieron la primera brecha (16-9, min 5). Era solo el preludio. No sabía Kokoskov, en su primera visita a Barcelona, la tormenta que se le venía encima. Mirotic y Abrines empezaron a sumar, con una facilidad hasta pasmosa, y casi siempre tras asistencia de Calathes (5 en el 1Q) para disparar la ventaja hasta los quince puntos (28-13). Solo un error defensivo de Smits, olvidando la espalda, empañó un primer acto brillante (28-17).

No cambió la historia en el segundo periodo. Smits abrió la veda con un triple desde la esquina, zona fetiche. Le respondió Eddie con otro frontal (31-20). Y ahí empezó la exhibición del letón al poste, intratable. No le pudo parar Barthel. Se enfiló rápido hasta los 10 puntos (acabaría con 20), aumentando todavía más la ventaja (42-22, min 16). Brown, desaparecido hasta el momento, irrumpió con dos acciones individuales consecutivas que no gustaron a Jasikevicius (42-26). Fue un espejismo. Tras el tiempo muerto, Calathes atinó desde la esquina y Mirotic volvió a sumar bajo canasta. La exhibición era total y la diferencia al descanso, completamente justificada (51-29).

Kuric y sin bajar el pistón

Es fácil bajar la guardia cuando dominas en el marcador con tanta claridad. Pero el Barça no levantó el pie del acelerador y continuó triturando al Fenerbahce. Si Mirotic y Abrines habían sido los protagonistas ofensivos en la primera mitad, Kuric y Higgins les tomaron el relevo en la segunda. El primero haciendo lo que mejor sabe hacer, enchufar (7 triples); el segundo, añadiendo a su labor defensiva -a veces denostada- guarismos en anotación (11).

La segunda mitad de Kuric (23 de sus 25 puntos) fue la puntilla que necesitaba el Fenerbahce para culminar la humillación. La renta creció sin parar hasta el +42 final. Tan inesperado como un fiel reflejo de lo visto en la cancha. Fue tal la exhibición, que el Barça no necesitó los puntos de Heurtel ni Oriola (ambos con 0).

Un partido para el recuerdo azulgrana… y un infierno para el cuadro turco.