«Qué negocio». Así reaccionaba Ricky Rubio hace apenas 48 horas al enterarse que los Phoenix Suns le incluían en el traspaso por Chris Paul. Otra vez como moneda de cambio. Sin embargo, el base español ha recuperado esta madrugada la sonrisa al recibir una noticia inesperada: regresa a los Minnesota Timberwolves. La primera franquicia. Su casa.

Los Thunder, en pleno proceso de reconstrucción (y con la lista interminable de elecciones en los próximos Draft -genio Presti-), enviaron a Minnesota los puestos 25 y 28 del Draft, así como a Ricky Rubio, a cambio del número 17 (Aleksej Pokusevski, la torre del Olympiacos).

Ricky recala ahora en un equipo, sobre el papel, competitivo. Con D’Angelo Russell y Karl-Anthony Towns, más el flamante número 1 del Draft Anthony Edwards, hay motivos suficientes para creer que los Timberwolves pueden volver a unos Playoffs tres años después (su única presencia en 15 años).

Lejos queda aquel 26 diciembre de 2011, el día del debut de Ricky Rubio en la mejor liga del mundo. Imberbe, con melenas. Han pasado 9 años, y el del Masnou está en su plenitud como jugador. MVP del Mundial, su impacto en las franquicias por las que ha pasado (Utah y Phoenix) es incuestionable. Mejorando el rendimiento colectivo, adaptándose siempre a contextos no sencillos. Que tenga suerte.