Una Copa siempre es un Copa, eso lo sabemos todos. Agridulce como nunca por la frialdad de las gradas, y es que llegar al Palacio rompía el alma. Como un jueves más. Sin charangas, sin ambientes, sin aficiones. Algún bar abierto y un par de niños jugando con sus perros. Eso era todo. 

Atravesado el anillo de seguridad y con la acreditación en la mano, descolocaba entrar al pabellón: “Parece que han movido la cancha, como han quitado una grada…”, comentaba Faustino Sáez, de El País. Entre tanto, Vitor Benite era el primer jugador en saltar a la cancha a coger sensaciones. Apenas hora y media para el arranque de la Copa del Rey.

Todo bajo control por parte de la organización. La grada de prensa partida en mil pedazos para asegurar la distancia entre compañeros, un pasillo interminable para acceder a la sala de medios y peticiones para entrar en sala de prensa y acceder a zona mixta a solicitar vía WhatsApp. Los nuevos tiempos de pandemia. 

A una hora del arranque la megafonía sintonizó la M.O.D.A. y Lenovo Tenerife se puso en formación para hacerle pasillo al campeón de la intercontinental. 

EMPIEZA EL SHOW

Espectáculo de luces con baile incluido antes de la presentación de los equipos y el balón al aire para dar el pistoletazo de salida a la Copa del Rey de baloncesto. La primera que le llegó a Miquel Salvó le sirvió para estrenar los aros y abrir el marcador en el que iba a ser un partidazo. A 16 segundos del final del primer cuarto, Jordan Sakho dobló un balón que se fue directo a la cara de un miembro del banquillo de Lenovo y que le saltó las gafas, provocando alguna risa malvada por parte de los descartes de Vidorreta. 

Los enfados de Peñarroya eran tremendos, mientras que los isleños saltaban y celebraban cada triple que metían. Imparables en la primera parte, por cierto, con un extraordinario 10/13, normal que se fueran con sonrisas al descanso. 

“Hostia tu”, se quejaba Peñarroya de la facilidad arbitral para pitar faltas a su equipos, mientras desde la grada se escuchaban voces críticas hacia los colegiados. Laberye se asomaba a ver el partido de sus posibles rivales en semifinales, una imagen típica de la Copa del Rey que imitaba Chus Mateo al rato. 

Con el partido decidido, las miradas se iban fuera de la cancha. Abrazos entre Pradilla y Garuba. Aplausos y carantoñas de Fran Guerra para Sasu Salin por su partidazo, y muchísimo movimiento de cara a lo que estaba por llegar. Gritos de “Burgos, Burgos” y tremenda alegría con la canasta del joven Ángel Infante para cerrar el duelo, 87-76 para Lenovo Tenerife. 

Todos los abrazos del reencuentro desaparecieron una vez Hierrezuelo lanzó el balón al aire y Pablo Laso se convertía en el entrenador con más partidos en la historia del conjunto blanco. Todo un hito en los tiempos que correr, y superando al mítico Lolo Sáinz. 

El partido iba cogiendo temperatura a la par de los gritos e intensidad de cada uno de los banquillos: “Bien Felipe, bien”, se desgañitaba Laso con su capitán. 

El segundo cuarto se cerró con una técnica a Prepelic por simular: “Eso te pasa por hacer flopping”, le decía Rudy a su ex compañero, que buscaba una mirada complice en Causeur. 

Cada triple de Valencia significada una carrera de Laso jurando en arameo, que rápido volvía a la carga ordenando a sus jugadores en ataque. “Seguridad, seguridad”, repetía el vitoriano, “Rudy métete en la esquina”, y eso hacía el 5, claro. 

Se puede imaginar uno la de sonidos indescifrables que se escuchan a unos 10 metros de la cancha. Un grito de Rudy que retumbó en el pabellón cuando casi salva un balón que se fue fuera, las palmadas de Trey a Kalinic después de una falta del norteamericano sobre el jugador taronja, los ánimos de la grada y los gritos de un Vives desbocado en su banquillo. “Brazos, Edy”, ya lo que faltaba. 

Un triple de Llull a algo más de 3 minutos daba al Madrid una renta considerable, 80-64. El banquillo saltó a celebrarlo mientras su entrenador se escondía entre la masa con el puño apretado, sabiendo de la importancia de esa cesta. 

De lo que no se vio, la alegría de los ayudantes merengues cuando iban al túnel. La camiseta de Dubi que rompió de la rabia por la mitad, los besos que lanzó Tavares a su mujer, la sonrisa de Pablo Laso mientras esperaba a la entrevista, las colas que organizaba la ACB entre compañeros de la prensa. El homenaje de Lolo al vitoriano a través de la gran pantalla colocada en el lateral.

Y mañana más. Esperamos que con más emoción y cosas que contar. Aunque está difícil en esta fría y deslucida Copa sin público.