Cerrar un set, culminar una escapada, añadir la cantidad exacta de sal. El último paso antes de lograr un objetivo siempre es el más difícil. Y es lo que marca la diferencia. A los hombres de Jasikevicius les está pesando la etiqueta de favorito. Como en los cuartos de final de Copa ante el Unicaja. En el momento clave de la temporada, el Barça ha perdido su esencia. Cuesta reconocer a los azulgrana, atrapados en la telaraña de Pascual (brillante hasta el momento) y sometidos a la batuta de un excepcional Kevin Pangos. Y el segundo partido no da pie a utilizar el comodín Gasol como chivo expiatorio.

En los primeros 85 minutos de eliminatoria, el Zenit ha sido capaz de imponer su estilo. Negando las salidas de los tiradores culés (que poco se ha visto a Abrines), desactivando a Mirotic y alargando la mayoría de posesiones hasta los 24 segundos. Lo esperado. Y todo ello sin Ponitka, pieza imprescindible durante la temporada. Salvo en el tercer periodo del primer partido y los minutos previos al descanso del segundo, el Barça no ha encontrado su ritmo. Inesperado.

No hay rastro, en lo que va de serie, del equipo que aplastó al Fenerbahce en noviembre, del que asaltó Moscú sin Mirotic ni Davies, dejó a Milano en 56 puntos y lideró la Euroliga con puño de hierro en prácticamente su totalidad. Pese a todo, por aquello de las perspectivas, el Barça está 1-1 (heroico Hanga) y tuvo un tiro para ganar en el primer partido (sí, y el Zenit en el segundo). Detalles. El último paso, ya saben.

Jasikevicius insiste desde hace semanas, y en general desde principio de temporada, de que el Barça necesita “más cabrones”. Interprétese como quiera, la cruda realidad es que hay un problema mental. Anímico. Psicológico. El lenguaje no verbal transmite ansiedad y abatimiento. Quizás exista un desgaste físico, justo lo contrario a las sensaciones de febrero.

Presencialmente en el Palau se han apreciado algunos detalles. Como el de Calathes, superado y errático, girándose al banquillo para pedir explicaciones por la defensa de Pau. Como el de Abrines, desaparecido, resoplando impotente tras un triple de Baron. O como el de Mirotic, el gran señalado en lo que va de Playoffs, reprochando al base griego no buscarle en un missmatch, reclamando faltas inexistentes y fallando al poste lo que ha metido todo el año. Incluso respondió al técnico lituano tras una reprimenda por un mal tiro. La tensión, lo normal en un partido. Valga decir que el montenegrino, totalmente desquiciado en el segundo partido, realizó un notable trabajo defensivo sobre Will Thomas (menuda temporada está haciendo el ex de Unicaja y Valencia).

Tan malas son las sensaciones azulgranas como verdad es que está a dos partidos de meterse en la Final Four, esa que no pisa desde 2014. En San Petesburgo, con un 75% de público en las gradas, el Barça deberá mejorar su mentalidad. Necesitará mucho más que la omnipresencia de Davies o la voluntad de Higgins. Brillar en fase regular y fallar en Playoffs sería imperdonable. Gestionar la ansiedad en Rusia será tanto o más importante que la táctica. Alea jacta est.