Kevin Durant, el nuevo eje de los Warriors

Un legado, una historia única, el ascenso de un equipo hundido a lo más alto de los cielos. Una final y media. A sus espaldas, desde 2008, desde un número 2 del Draft que parecía indudable ante la presencia de un interior llamado a dominar la liga. De ahí salía un chico larguirucho con brazos interminables formado primero en el prestigioso Montrose Christian y posteriormente en la todopoderosa universidad de Texas. Un alero rehecho a sí mismo, que con trabajo y esfuerzo ha logrado su meta. Un jugador único, al que solo un puñado de imprevistos han podido interrumpir una trayectoria única que finalizará sí o sí con su única ambición, ser campeón.

Kevin Durant se muda. Atrás quedan 9 años de reconstrucción, crecimiento personal, físico, la imagen de una comunidad entera volcada con el 35 y un intento de final fallido ante el todavía Rey. Oklahoma City llora, llora al ver la marcha del que lo ha conseguido casi todo. Y no lo hace con odio, si no más bien todo lo contrario. Con la gratitud propia de una ciudad volcada al chico que ha copado una portada tras otra y ha sido el abanderado, cual hijo natal, de una ciudad olvidada años atrás. A los Thunder les toca rehacerse, todavía con su otro genio bajo sus filas, pero es el tiempo de marchar para Durant. Alcanzar un nuevo reto que tiene como obsesión una única cosa, el trofeo de campeón. KD35 aterriza en la bahía, uno de los movimientos más sonados e inesperados de la última década, y el arranque de otra dinastía que pone la puntilla con ese competidor nato que siempre ha tenido el mimo de la prensa hasta hace poco tiempo. Durant está preparado, y todos los aficionados a la NBA no podemos hacer nada más que disfrutar. Bienvenidos al nuevo eje de los Warriors.

Bastian García (@dostiroslibres)