Y en Warriors… ¿qué?

Si el elogio debilita, las criticas fortalecen. Un tópico que no carece de verdad. La posibilidad de aunar fuerzas por el bien común es una filosofía interesante. Cobarde, creerán algunos. Lógica, afirmarán otros. Incluso arriesgada, señalarían los escépticos.

La llegada de Durant a Golden State establece un nuevo paradigma en la mejor liga del mundo (éste, a nivel deportivo, luego está el económico, que contaremos algún día cuando estemos más acostumbrados al mapa actual).

Porque el baloncesto, a la par que la vida (explicada o no por la ciencia), evoluciona constantemente y alcanza registros nunca antes vistos. Ni mejores ni peores. Novedosos. He ahí la extremada dificultad para explicarlo mientras el proceso está en su primera fase (la del boom).

Se antoja muy complicado, incluso me atrevería a decir que osado, analizar cómo puede influir Kevin Durant en el sistema ofensivo (y defensivo) de Steve Kerr. En primer lugar porque jamás hemos visto en un mismo equipo a Curry, Thompson, Durant y Green (veremos si este verano coinciden mucho a la vez en Estados Unidos los tres últimos). En segundo lugar porque desconocemos si los cuatro coincidirán en un quinteto o alguno opta por el rol de sexto hombre. Y en tercer lugar porque las variantes son tantas que difícilmente seamos capaces de analizarlo con la pulcritud que merecería el contexto actual.

20160707-durantjersey-1905
Foto: Warriors.com

Es evidente que estamos ante una nueva era en la NBA. La de los triples. La del small-ball. Y los Warriors son los pioneros. Aun con detalles por pulir, la historia ya la han reescrito (dos finales seguidas, un título y el récord del 72-10 superado, así como la borrachera triplista de Curry).

El triple ya no es visto como un recurso, sino como la fuente principal de la que se abastece el equipo. El arma con la que buscarán destruirte aunque sepas, porque ya no es un secreto, que la llevarán a cabo hasta el final.

“No tendrán balones suficientes”, analizan los más simplistas.

Y ahí irrumpe la figura de Kevin Durant, posiblemente el mejor anotador puro de la NBA. Por la versatilidad con la que ejecuta sus movimientos. Por la rapidez en su tiro. Por la movilidad de sus piernas tanto al contraataque como al poste. Por una ejecución que impide taponar alguno de sus tiros. Letal, fiable. Secarle en defensa es una proeza de la que muy pocos pueden fardar. Ni usando tácticas al límite de la legalidad, ya que su carácter pausado (aunque tremendamente competitivo) le mantiene siempre sereno en la pista.

“No tendrán balones suficientes”, analizan los más simplistas.

Un argumento interesante, ya que Klay, Steph y el propio Kevin promedian casi siempre 15 o más tiros por partido. Pero un tanto estéril, ya que los recursos del tiro siempre se reparten en función de las virtudes de los jugadores disponibles en el roster. No hay un cupo a rellenar, para que me entiendan.

Es posible que los tres rebajen sus estadísticas individuales la próxima campaña. Pero no será un agravio comparativo si el beneficio colectivo se consigue.

Una amenaza que completa el círculo. La lebronización.

No se asusten. No voy a comparar a Durant con Lebron. Pero sí es evidente que el alero, ya ex de los Thunder, deberá leer su nuevo rol. No tendrá que asumir siempre los galones en ataque (algo que compartía con Westbrook en Oklahoma). No tendrá, tan siquiera, que buscarse él los tiros.

Su figura completa un puzzle con el que muchos niños desearían jugar de pequeños. Kerr tendrá ante sí un engranaje inédito hasta entonces. ¿Ha existido un trío en la historia con tanta capacidad en ataque? ¿Cómo se tendrá (o podrá) defender al Big Three mencionado?

Es evidente que las ayudas no deberían existir. Porque dejarían a uno libre, y son infalibles.

NBA/
Foto: CBSSports.com

Pero Durant tendrá ante sí la oportunidad de demostrar que entiende este deporte más allá de la exquisita capacidad para encestar. Deberá leer, cuando haga esa típica jugada al poste a 5-6 metros, que podrá haber un bloqueo ciego en una de las esquinas con un tirador sólo. Y ese podrá ser o Klay o Steph. Deberá leer (y ejecutar) con la máxima rapidez ese pick’n roll que hacen los Warriors entre jugadores exteriores y que suele despistar a las defensas. Deberá saber cómo dejar espacios a Klay y Steph para que luego, con un corte desde el lado débil, pueda hundirla por el centro de la zona. Sus contraataques, a diferencia de los que hacía con Westbrook, no siempre acabarán con vuelos sin motor. Esta vez tendrá que mirar a los laterales, donde casi siempre encontrará opciones de triple seguro.

La llegada de Durant es apasionante. Cómo encajará en Oakland, también. Ya habrá tiempo de ver cómo acopla Kerr todos los instrumentos para que la sinfonía suene como los ángeles. Hasta que empiece la liga, jueguen al 2K o simplemente sueñen.

Una nueva dinastía empieza.

Miguel Lois (@MiguelLois)

THE END